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Nº25 – Espejo de Falla – Cancho de las Narices

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LOCALIZACIÓN Y ACCESIBILIDAD

Está a medio camino entre Castañar de Ibor y Robledollano. El espejo de falla está en una trinchera realizada en la carretera bajo el “Cancho de las Narices”, en una curva con mala visibilidad por lo que hay que parar antes de entrar en la curva viniendo desde Robledollano, en un camino a la derecha que baja al río Viejas. Para observar el “Cancho de las Narices” lo mejor es continuar el camino, vadear el río Viejas y subir justo enfrente.

ATRACTIVOS DE LA VISITA

Desde aquí podemos observar el Sinclinal del rio Viejas. En las proximidades podemos identificar los tipos de rocas característicos de los periodos Ordovícico y Silúrico, con sus fósiles característicos de trilobites, graptolites y espiriféridos.

Se trata de un buen emplazamiento ornitológico con posibilidad de avistar cigüeña negra, alimoche, buitre leonado, águila calzada, búho real, etc.

INTERPRETACIÓN GEOLÓGICA

Nos encontramos en la transición del Anticlinal del Ibor al Sinclinal del Viejas. En este lugar el rio Viejas se abre paso hacia el río Ibor atravesando la Sierra del Viejas.

Profundamente encajado, el río cambia el curso longitudinal de su cauce a otra dirección perpendicular, aprovechando una falla transversal a la alineación serrana.

Una de estas fallas se puede identificar en este punto por el desplazamiento que ha producido en la formación cuarcítica de la Sierra de Viejas, visible a un lado y otro del cauce del río.

En la base de la peña del “Cancho de las Narices” se puede observar sobre la cuarcita el espejo de falla como una superficie oscura, pulida y brillante, con estrías de dirección, originado por la fricción entre dos bloques de rocas cuarcíticas que se han desplazado.

Como consecuencia de los esfuerzos tectónicos sobre estas cuarcitas también se han producido plegamientos y fracturaciones menores, pudiendo observarse a la derecha del espejo de falla un pliegue chevrón (en forma de acordeón) y además las rocas de ambos bloques quedan parcialmente trituradas.

Exactamente por encima se sitúa el “Cancho de las Narices”, un empinado resalte cuarcítico con una elevada concentración de óxidos de hierro, al que la erosión y la actividad minera han conferido una singular forma cavernosa cuya entrada semeja un tabique nasal.