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Nº03 – Mina Costanaza

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LOCALIZACIÓN Y ACCESIBILIDAD

Para acceder a las instalaciones mineras hay que tomar la carretera en dirección a Cañamero y a unos 500 metros del centro de Logrosán se encuentra la parcela que alberga las dos galerías visitables de la Mina Costanaza y las instalaciones principales, incluyendo el Centro de interpretación del Fosfato (en los antiguos laboratorios) y la Sala Negra (el antiguo polvorín), además del Museo Geominero Vicente Sos Baynat.

Tiene un paso habilitado por el que pueden entrar vehículos, así como un amplio aparcamiento.

ATRACTIVOS DE LA VISITA

La mina La Costanaza se explotó intermitentemente desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Cuando se cierra la explotación, en el año 1944, la mina tiene 210 metros de profundidad y 14 plantas.

El conjunto de galerías paralelas que integran la mina, en la que se explotaba el filón Costanaza, dándole su nombre, resulta abrumador, pero sólo las dos galerías superiores están habilitadas para visitas.

En el interior podemos observar el filón mineralizado de fosforita, zonas de brecha y espejos de falla, geodas, manantiales, estalactitas, pliegues, arcos de sostenimiento minero y un pozo maestro de mampostería.

En los exteriores podemos ver instalaciones que aún conservan en perfecto estado la primitiva estructura minera, como la fábrica de finos, la fábrica de superfosfatos, el cocedero de piritas y el laboratorio de la mina, el cual alberga el Centro de Interpretación del Fosfato.

En la visita a la mina se explican los detalles de la explotación minera y del método de extracción denominado “de realce” porque los mineros iban extrayendo las capas del filón situadas por encima de su vista.

Se explica también cómo eran los mineros y sus condiciones de trabajo, la humedad, los paupérrimos equipamientos, las luminarias, candiles picos-pato al inicio y posteriormente carbureros.

Algunos de estos elementos pueden encontrarse decorando las paredes de la mina.

INTERPRETACIÓN GEOLÓGICA

Los magmas ácidos que originaron el stock granítico de Logrosán, el cerro de San Cristóbal, ocasionaron grandes fracturas a medida que iban ascendiendo lentamente entre las rocas preexistentes (lutitas y grauvacas) del Ediacárico y otros materiales del Paleozoico, hoy día desmantelados por la erosión.

El contacto entre los magmas ácidos y las rocas encajantes del Ediacárico, que contienen abundantes fosfatos de calcio y flúor sedimentarios, pudieron favorecer la removilización y posterior concentración de los mismos en los filones que hoy constituyen la mina. Una falla rellena de fluidos magmáticos cristalizados constituye un dique o filón cuando finalmente esos fluidos se enfrían y solidifican. En este caso, el filón de fosforita de la mina Costanaza es uno de los yacimientos filonianos más fácilmente reconocibles en España, pues presenta una longitud aproximada de 5 kilómetros y una potencia variable, la máxima de 8 m y la mínima de 0,10 m.

En su estructura alternan las mineralizaciones de apatito (fluorapatito, o fosforita) con las de cuarzo, y en ocasiones aparecen también carbonatos (calcita, siderita y ankerita). Se trata de una mineralogía única por la presencia del fluorapatito descubierto en esta mina, lo que convierte a Logrosán en “Localidad Tipo” de este mineral a nivel mundial.

Las fosforitas de Logrosán fueron dadas a conocer por el ingeniero de minas irlandés, Mr. Guillermo Bowles, quien vino a trabajar en España durante la década de 1750. La mina de La Costanaza se explotó intermitentemente desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Cuando se cierra la explotación, en el año 1944, la mina tiene 210 m de profundidad y 14 plantas, habiéndose extraído unas 200.000 toneladas de mineral para la elaboración de abonos superfosfatos que fueron exportados a gran parte de Europa.