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Nº26 – Turberas del Hospital del Obispo

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LOCALIZACIÓN Y ACCESIBILIDAD

Se accede al Hospital del Obispo por la carretera CC-20, que une Guadalupe con Navatrasiera y que parte de la carretera de Guadalupe a Navalmoral de la Mata (EX-118).

Las turberas pueden encontrarse en todo el valle de la garganta del Hospital, en una superficie total no superior a los 6.000 m². No deben pisarse, ni menos caminar sobre ellas, por el alto riesgo de hundirse en sus materiales fangosos o pantanosos y quedar atrapados. Además, las turberas son ecosistemas muy vulnerables y las pisadas de los visitantes pueden alterar el equilibrio ecológico.

ATRACTIVOS DE LA VISITA

Se trata de observar el frondoso valle donde se encuentra la fuente del caserío y la capilla del Hospital de la Santa Cruz (fundado por D. Diego de Muros en 1504, obispo de las Canarias, para albergue de los reyes y peregrinos que iban al monasterio de Santa María por el Camino Real de Castilla a Guadalupe) así como los diferentes «trampales» o turberas, sus condiciones ambientales, su característica flora y la de su entorno, la fauna, etc.

Tendremos en cuenta que los trampales están protegidos por la Directiva de Hábitats, que los considera “Hábitats de Interés Prioritario”. Además, muchos de sus elementos botánicos están incluidos en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, por ejemplo, la Drosera rotundifolia.

Con la visita a los canchos del Ataque y la subida al risco Carbonero completarás la información geológica de los alrededores: sus enormes pedreras, la elevación del camorro de Navalvillar, las megaestructuras del sinclinal del Guadarranque y el anticlinal del Ibor y los fósiles que en ellos podrás observar.

INTERPRETACIÓN GEOLÓGICA

El paraje del Hospital del Obispo es una nava: un valle elevado o «colgado» sobre los demás valles de la zona, situado a unos 1.000 m. de altitud. Está ubicado en la parte más occidental del término municipal de Villar del Pedroso, situado sobre lutitas entre las acusadas elevaciones de las sierras del Rullo y del Hospital (Cerro Fortificado) que se localizan entre las poblaciones de Navalvillar de Ibor y Navatrasierra.

La nava del Hospital de Obispo tiene un perfil longitudinal suave, de menor pendiente topográfica que la de los demás valles drenados por los arroyos de la zona. Por tanto, al ser el drenaje tan lento debido a la escasa pendiente, las aguas procedentes de las precipitaciones se encharcan, empapando los sedimentos de arcillas y limos allí depositados, originando pequeñas pozas que se denominan «bohonales», «tembladeros» o «trampales» donde se desarrollan las turberas.

La turba es un material orgánico, poco compacto y rico en carbono y agua. Su aspecto es esponjoso y ligero, en la que aún se observan restos de los materiales vegetales (generalmente musgos) que la originaron. El proceso de formación consiste en la acumulación y putrefacción de restos vegetales, generalmente musgos, en zonas encharcadas permanentemente y con condiciones anaerobias (muy baja concentración de oxígeno). Las turberas constituyen uno de los ecosistemas más pobres en nutrientes, existiendo un importante déficit de nitratos en el suelo, debido a que el permanente encharcamiento de las turberas acidifica el medio y no permite la presencia de bacterias y hongos, que nitrifican los suelos más fértiles. Así, el conjunto se va mineralizando con una alta concentración de carbono. La turba en formación se va oscureciendo a medida que avanza el proceso de mineralización y el volumen va aumentando a razón de pocos milímetros al año. En las turberas se conserva material durante miles de años y puede ser datado para conocer su edad.

Todo esto le ha dado un interés añadido a las turberas, puesto que albergan una vegetación muy peculiar e interesante que ha desarrollado diferentes mecanismos para adaptarse a esta escasez de nutrientes y que en muchos casos constituye endemismos botánicos de gran importancia. Las partes residuales de las plantas, en lugar de descomponerse, con el paso del tiempo se van acumulando debajo de los nuevos brotes del musgo y forman la turba.

La nota exótica de estos «trampales» del Hospital del Obispo la pone la Drosera rotundifolia, comúnmente «Rocío del Sol», planta insectívora que suple el déficit de nutrientes del suelo con la capacidad de obtener alimento de la digestión de pequeños insectos que quedan atrapados en las secreciones pegajosas de los pelos de sus hojas.